lunes, 11 de marzo de 2013

Echando un ratito en la cocina, puedes conseguir de forma casera un kilo de seitán, más jugoso que el comprado, y por apenas 2€. Merece la pena hacerse el seitán en casa. Así puedes consumirlo más a menudo que el comprado, que suele salir por unos 3 - 4€ los 250 grs. Y de paso, controlas por completo los ingredientes que usas.

Ingredientes

Añadir leyenda
  • 1 kg. de harina de trigo (no es necesario que sea integral ya que no aprovecharemos el salvado o fibra).
  • 1 litro de agua.
  • Un vaso (250 cl.) de salsa de soja
  • 1 cabeza de ajos.
  • 1 cucharada sopera de jengibre rallado.
  • Un trocito de alga Kombu de unos diez centímetros de largo y diez de ancho (el alga Kombu ayudará en la digestibilidad del Seitán y también aumentará el contenido en minerales, pero si no tienes tampoco pasa nada).

Elaboración

Amasa la harina como si fueses a hacer pan, o sea sólo con agua. La cantidad de agua será aquella que permita hacer una masa compacta y sin que se pege a los dedos.
Cuando esté bien amasada, déjala dentro de un recipiente cubierta de agua durante 45 minutos. Como yo hice 2 kilos, y no tengo olla tan grande, las puse en el fregadero muy limpio.
Luego empieza a “lavar” esta masa dentro del agua, que de inmediato empezará a volverse blanca. Eso es señal de que el almidón se va desprendiendo de la masa.
Cuando el agua ya esté blanquísima, tirala y pon agua limpia.
Irán apareciendo briznas algo más oscuras: ¡eso es el gluten! . Cuidado, porque tienden a desprenderse con facilidad.
Continua el proceso de lavado hasta que el agua salga transparente, que es la señal de que ahora sólo queda el Seitán (gluten o proteína del trigo).
Esa bola resultante es más pequeña que la bola inicial, ligeramente más oscura y pososa. Si quieres, la puedes dividir en dos o tres trozos, o dejar la pieza entera.
Pon en una olla grande, a fuego fuerte, el litro de agua con el vaso de salsa de soja, los ajos, el jengibre y el alga Kombu.
Cuando rompa a hervir, echa las bolas de Seitán y deja que hierva a fuego lento durante 45 minutos. Hay quien prefiere dejarlo menos tiempo, unos 20 minutos, para que resulte más blanda la textura. Tendrás que ver cómo te gusta más a tí.
Comprobarás que su tamaño vuelve a aumentar con el hervor, y ahora se tornará más oscuro y brillante, además de compacto.
Acabado ese tiempo, apaga el fuego y lo deja tapado hasta que se enfríe.